Devolvedle por favor al surfista el corazón.
Devolvedle por favor al surfista el corazón.
Robadme a mí las pelucas de fiesta, el castillo ambulante o la oscuridad de la mirada. Dejadme las alas que no estrenado, el bálsamo que no he creado, la bombilla del abismo y la inconsciencia prohibida en mi infancia.
Debo sanarme en el siguiente cambio de nivel, alcanzar la granada no explosiva de tu vagabunda imaginación y hacer equilibrismos con la vida. Casualmente es mi última oportunidad, las almohadas ya no brillan y los sapos deliran con flequillos, pero no puedo quedarme aquí toda la eternidad, si no el Polo Norte helará mi corazón, me quitará las impurezas y seré un robot capaz de fingir lo que me separa la normalidad, de odiar la singularidad y de alimentarse del etílico brebaje de la bañera de los vecinos.
(Texto escrito mientras escuchaba a Manos de Topo.
Gracias por inspirarme).