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domingo, 8 de mayo de 2011

Mucha gente y pocas personas.


Mucha gente y pocas personas.

Paseas por el centro de la ciudad, con música en tus orejas y sin dejar de observar todo lo que te rodea. La calle está bulliciosa, se nota, aunque la guitarra de Mogwai no te deja oírla, de hecho, es exactamente por eso por lo que te pones cascos para salir a pasear, o simplemente para moverte y llegar a algún lado. No quieres sumergirte en ese ir y venir de entes que se han perdido en la inmensidad.

No te gusta tanto movimiento. Te perturba. Te produce rechazo y desinterés a partes iguales. Fingir ser como ellos mientras tu interior se pudre lentamente. Y empieza a oler mal y lo que tú haces es echarte más y más colonia para que no descubran cómo eres. Quizás no te acepten, y no te quede otra opción que quedarte en ninguna parte. El limbo te aterroriza.
Pero conseguiste abandonar a tiempo ese sendero y dejar de viajar a la deriva. Apestabas y no podías soportarte. Recapacitaste, y es así como ahora puedes disfrutar de este momento de intimidad en esta arteria principal de la ciudad.



En mi mente la calle está casi vacía. Sólo algunas personas caminan, siendo ellos mismos en sus mentes y en esta nublada tarde.
Ahora te dejas llevar. Y justo es cuándo más álgida suena la guitarra.
Estás solamente .

sábado, 29 de enero de 2011

Bajo la capucha.


Ocultándome de mis pensamientos.
Cerrando mi mente para no sufrir, para no pensar en lo que he perdido, para no angustiarme al saber que jamás volverá.

Tener todo aparentemente, pero que siempre falte lo mismo, que siempre quede en blanco el mismo trozo.

Y que todo cambie de color según qué ojos observen, según qué cuerdas vocales sean las que se mueven. Y que tus manos sigan tejiendo un puñado de mentiras, de dañinas puñaladas.




Por eso me oculto en tras esta capucha, hasta que pase la tempestad.

En espera de mejores tiempos. En espera de corazones repletos.