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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un poema de Anne Sexton.

(Gif de autoría desconocida sacado de aquí)

FINAL, MITAD, PRINCIPIO

Había una niña no querida.
Abortada por tres métodos modernos
ella se agarró al vientre materno,
lo enganchó
construyó su casa dentro de él
y no sirvió de nada
dejarla a oscuras.

En su nacimiento
ella no lloró,
aunque le palmearon en el trasero -
pero no lloró
en lugar de eso, le salió nieve por la boca.

Y creció, año tras año,
su pelo giraba como una rosa en un florero,
y sangraba por su cara.
Pusieron rocas sobre ella para mantener
el silencio creciente
y aunque magullaban,
no mataban,
aunque matar estaba enredado en su comienzo.

La encerraron en un balón de fútbol
pero ella simplemente se encogió
y pretendió estar en una cálida casa de muñecas.
Metieron insectos para que la picaran
y ella los dejó meterse en sus ojos
como si fueran un teatro de títeres.

Más tarde, más tarde,
de adulta, como ellos decían,
le dieron un anillo,
y lo usaba como una raíz
y se decía a sí misma,
"No ser amada es la condición humana",
y se tumbaba como una estatua en su cama.

Después, una vez,
por una terrible casualidad,
el amor se la llevó en su gran barco
y ella se tragó el océano
en una enardecida risa.

Después,
lentamente,
el amor se fue corriendo,
el barco se convirtió en papel
y ella supo su destino
por fin.
Vuelve a donde perteneces,
a una sordomuda,
aquella casa de metal,
deja que te entrene hasta convertirte en nadie.

(poema incluido en 'Calle de la Misericordia 45', 1976)

martes, 11 de marzo de 2014

(A mi abuela)

(Collage de Daisy Bennett)

Es triste verte engullida por el magnetismo del tiempo
entre recuerdos de infancia y campo,
igual que un gusano antes de ser devorado
por un pájaro victorioso tras su primer vuelo.

Mi único vínculo de sangre
los únicos ojos sabios
que encontraron
la bondad en mis actos.

Ahora
las fotografías cobran vida en el estante
como en un delirio cualquiera
o en el ensueño de un cuerpo a la deriva.

Ahora, más que nunca,
no hay palabra para el tiempo.

Sin embargo,
mientras tolere la explosión de dolor
en mi garganta,
podré sortear como una acróbata
tu caída
-ataúd,
precipicio con forma de guadaña-
perdiéndome
en la agitación
de mi memoria,
sangre de tu sangre,
dibujando contornos a tus abrazos
en cierto escondite
con el que sólo yo hablo.

(El verso en cursiva pertenece al primer poemario
de Anne Sexton: 'Al manicomio y casi de vuelta')