
A veces dejarnos llevar por la fragilidad nos cohíbe demasiado. Nos impide vivir demasiadas cosas. Nos acorta la vida. Nos frena.
Pero tú te sientes a gusto con ella y te cuesta abandonarla, te cuesta lanzarte al mundo. Más que lanzarte, sólo piensas en que éste se pare y te permita descansar. Te agobia tanta actividad. Te agotas y te dejas llevar a la deriva.
Dejas de elegir tus pasos durante el camino. Ahora es el camino el que te lleva a ti. Y no te importa absolutamente nada.
Pero tú te sientes a gusto con ella y te cuesta abandonarla, te cuesta lanzarte al mundo. Más que lanzarte, sólo piensas en que éste se pare y te permita descansar. Te agobia tanta actividad. Te agotas y te dejas llevar a la deriva.
Dejas de elegir tus pasos durante el camino. Ahora es el camino el que te lleva a ti. Y no te importa absolutamente nada.
Es que estoy vacía, vacía, vacía.
ResponderEliminarEs bueno dejarse frenar algunas veces, hay personas que lo necesitan para no sentirse desbordadas. Pero no dejarse llevar por la fragilidad, el miedo y la tristeza, que son muy atrayentes y muy fáciles pero nos hacen infelices.
ResponderEliminarEse freno del que hablas, es el freno de mano Amanecer, te explico por qué: es aquel al que recurres cuando no quieres avanzar más, cuando ves demasiado cambio en un futuro y le temes, por ello tu coges y "pones" el freno de mano, donde dices de aquí no me muevo por lo anteriormente dicho: miedo..
ResponderEliminarPero hablando desde la experiencia, a veces es mejor tener la mano agarrando el freno por si se necesita, aunque ya te digo que yo acabo bajándolo, porque muy de vez en cuando cede...